CANARIOS

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martes, 19 de agosto de 2014

TENERIFE Y SUS SEIS SATÉLITES....

Tuvo algo que ver en el siglo XIX el rol de Santa Cruz de Tenerife como capital de la Provincia de Canarias en el desarrollo turístico de las Islas? 

Los datos demuestran que la burguesía agraria y funcionarial en la isla capitalina no sólo perjudicó el desarrollo económico del resto de los satélites de la provincia (parafraseando el título de Olivia Stone Tenerife and it six satellites, 1887) sino que careció de una visión de futuro, interesada sólo en obtener el máximo beneficio a costa del resto de islas e isleños. Tal estatuto privilegiado alentó sentimientos de superioridad entre los círculos dirigentes tinerfeños, empeñados en conservar sus prebendas intactas a toda costa" (Historia contemporánea de Canarias. VVAA. 2011).

El peor papel lo sufría Gran Canaria con una población muchísimo mayor y episodios dramáticos como la cuarentena por la epidemia de cólera morbo que impuso en 1851 la administración de la provincia única ¡durante siete meses! de abandono de los grancanarios a su suerte, sin ayuda sanitaria, ocasionando la muerte de 6.000 personas, casi el 10% de la población de la Isla.

Pero, vamos a hablar de turismo. Un sector que interesó a los inversores locales, si bien el cónsul británico en Tenerife, Charles Saunders Dundas, advertía de la resistencia en dicha isla al cambio agrario, la mentalidad rentista y la ausencia del espíritu empresarial. Lo cual contrastaba con el espíritu emprendedor de la creciente colonia británica en Gran Canaria. Como es el caso de Charles B. Quiney al abrir el primer english hotel de Gran Canaria, el Quiney (1884) y el Bellavista (1897) en Monte Lentiscal. A finales del siglo XIX surgen el Taoro en Tenerife y el Santa Catalina (inaugurado en 1890), éste último promovido por The Canary Island Co Ldt, con empresarios británicos como Blandy y Miller, y una significativa participación de la burguesía local (el Conde de la Vega Grande, Fernando del Castillo Westerling, Ignacio Pérez Galdós, Agustín del Castillo Westerling y Juan de León y Castillo).

En Tenerife se pusieron inmuebles en explotación hotelera, mientras en Las Palmas de G.C. prevalece la construcción de hoteles que marcarán la calidad turística de Canarias. Un hecho que tiene mucho que ver con la figura de Alfred L. Jones y la empresa Elder Dempster & Co. Promotor del Hotel Metropole (1892).

En Tenerife se opta por zonas naturales vinculadas a un entorno agrario, mientras en Gran Canaria se desarrolla en las afueras de la ciudad, en Santa Catalina y El Monte, y construían establecimientos sanitarios como el Seaman´s Institute (1890), el Queens Victoria Hospital (1891) y posteriormente la iglesia anglicana, el Club Británico o el cementerio protestante. Asimismo, se creó el primer Club de Golf de España (1891) y uno de los primeros clubes de tenis (1895).

Este desarrollo turístico en Gran Canaria fue a pesar de los intereses de los dirigentes de aquella provincia única. Aún así, Gran Canaria recibió 2.193 turistas en 1895 (la ciudad contaba con unos 34.000 habitantes).

En 1911, la capital grancanaria ofertaba trece hoteles (además de los existentes en El Monte) y se promocionaba el proyecto de la barriada Carló (hoy llamada Schamann), con grandes hoteles que flanqueaban un casino sobre la bahía portuaria. Además se movilizó la sociedad civil: la revista Canarias Turista (1910-1931), creación de la Sociedad de Propaganda y Fomento del Turismo (1910), Francisco González Díaz publica Cultura y Turismo (1911), Domingo Doreste Fray Lesco y Juan Carló crean la Escuela Luján Pérez y surge la figura de Néstor Martín-Fernández de la Torre. Un movimiento que no existió en Tenerife, tal como reconocería Domingo Salazar y Cólogan, presidente de la Junta de Turismo: "Hasta ahora sólo han sido esfuerzos aislados que no pudieron dar el fruto que se esperaba, porque se necesitaba una acción de conjunto que siempre faltó. Son numerosos y muy diversos factores que hay que poner en juego dependientes unos de las autoridades y funcionarios públicos, y otros de la iniciativa privada únicamente".

Este movimiento fue impulsado con la creación del Cabildo insular (1913) y la división provincial (1927), para convertir Gran Canaria en destino turístico. Lo cierto es que entre los años cincuenta y setenta, el desarrollo turístico transforma por completo el Archipiélago, pero principalmente a Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura. Pero esta historia de progreso insular pierde parte de su vigor con la irrupción de la Junta de Canarias (1978) y la vuelta a un centralismo interior propio de aquella Provincia Única.

Se ha intentado justificar el nuevo modelo con leyes de sedes y repartos supuestamente equilibrados, pero las restricciones a la construcción de hoteles de cuatro estrellas en suelo calificado es un ejemplo de perjuicio a una isla que tenía 105.000 camas turísticas al aprobarse el Estatuto de Autonomía en 1982 y ahora tiene 139.000 (un 30% más), mientras que Tenerife ha pasado de 64.000 camas a 133.000 (más del doble), con muchas más camas hoteleras y recibiendo 3,9 millones de turistas en 2013 frente a los 2,9 millones de turistas que recibió Gran Canaria. Queda claro que la moratoria no tiene el mismo efecto en todas las islas porque hemos vuelto a esos defectos que advirtiera hace casi un siglo Domingo Salazar y Cólogan?

michel jorge millares 19.08.2014