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sábado, 10 de octubre de 2015

EL DIVINO MORALES - 1515-2015

Cotizado y aplaudido en vida 
– Morales - 
apodado 
El Divino, 
es uno de los pintores menos conocidos por el gran público.


Los gustos cambiantes y su aislamiento lejos de los grandes centros de influencia hicieron que durante mucho tiempo se le considerara como un mero retratista devocional.



Las incertidumbres sobre su biografía son realmente dudosas 
(se cree que nació en 1515 y no se sabe cuando y donde murió). 
Lo único probado es que produjo su obra en 
Extremadura y Portugal 
y que fue un artista muy prolífico..




Su estilo se acerca al arte flamenco pero los difuminados de sus bellísimas vírgenes recuerdan las técnicas de 
Leonardo da Vinci. 
El Museo del Prado, que le dedicó una exposición en 1915, expone ahora su obra con una retrospectiva titulada 
EL DIVINO MORALES

 en la que a través de 
54 obras
 se le consagra como uno de los grandes del 
Renacimiento español. 
La exposición se podrá visitar hasta el próximo mes de enero.



El Divino Morales 
“Disfrutó de la gloria y de la fortuna en vida y al final fue olvidado”.



Transitó por el 
XVIII 
ninguneado hasta que fue recuperado por 
Antonio Palomino quien le apodó  
- El Divino - 
porque todas sus pinturas eran de tema sagrado.



Nada que ver con los motivos por los que 
“Giorgio Vasari”, 
(Corredor Vasariano – Florencia) 
llamaba 
El Divino a Miguel Ángel, 
“el alter ego de Dios”.



“En el siglo XIX, con el desarrollo de la Historia del Arte”, 
crece la importancia de Morales. En la búsqueda de la identidad de lo español, se ve en él una interpretación propia del 
Renacimiento. 
Sus protagonistas no están italianizados, son arábicos y prototipos de esa raza ibérica que se quiere hacer como representativa.



A modo de presentación, la exposición arranca con lo que se consideran sus iconos perdurables: La Virgen con el Niño, 
la Dolorosa, 
un Cristo con la Cruz a cuestas, 
la Piedad o 
la Quinta Angustia.





Son todas obras de formato reducido, creadas sobre fondos muy negros, proyectadas para embellecer oratorios y capillas privadas.



En LA VIRGEN DEL SOMBRERETE
 (hacia 1567)
 
sobre una camisola de blanco resplandeciente destaca una mosca que hace que la imagen se vuelva, de repente, más terrenal.



Detallista hasta la exageración, llama la atención su forma de pintar el pelo, uno a uno, con un efecto tan natural, que los podría mover el viento.



NOTA 
“SIN MOSCA”:



- Cualquier parecido con la realidad actual y cual...casi que podríamos asegurar que es una atinada coincidencia -